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makumba

Costumbres

 

Tenía la fucking costumbre de fumar en la puerta del local; creía saber escoger bien los momentos, otro día normal por el momento. Habían pasado los chicos y con ellos el lánguido atardecer. Estaba esa clienta especial con la que parecía tener onda, él todavía no lo sabía, sólo le estaba cachando el palo.

Instantáneamente llegó, esa sensación con la que se acababa la paz y el sentimiento de abstinencia lo empezaba a invadir de a poco. Fue hasta el fondo y saco de su escondite ese porro tan bien armado, tenso y recien empezado al le había pegado unas pocas pitadas el sábado a la mañana.

Cuando lo prendió, previo al encendido de un sahumerio, inmediatamente entró una morocha, joven pero de edad inestimable; odiaba cuando pasaba eso, es que ya no se podía pitar tranquilo es este puto mundo.

Lo volvió a encender y esta vez fue una señora rubia, luego salió y se colmó de satisfacción, decidió dejarlo afuera sobre bicicletero hasta que se apagara. Entró en su flash al local y de inmediato sintió la seca, algún liquido debía ingerir, se fue a hasta el fondo, pero esta vez para agarrarselas con la otra yerba, la mate.

Su clienta especial se fue al baño antes de retirarse y el se imagino todo tipo de cosas, luego fue, sacó su agua y se dispuso a tomar unos verdes.

Vio hacer marcha atrás al patrullero de la policía 2 pero no le dio importancia, luego todo ocurrió de repente, vio a entrar a la mujer policia y su entrada le pareció un secuestro, siempre que alguien entraba como lo hizo la mina le parecía eso. Afuera se quedó su compañero con la radio de frecuencia policial lanzando todo tipo de alertas. Recien cuando la policia lo escudriño desde la cabina se acordó de la tuka en el bicicletero. Tenía un talento especial para perseguirse con los vigis, de una se imagino al policia encontrando el fasito y preguntandole algo. Como una estrella fugaz, así se diparó la estrategia en su mente flasheada, diría con toda confianza que el porro no era de él.

EL uniformado se quedaba en el puerta y no se iba, a él le pareció librar una batalla inacabable con su ansiedad.

Y de repente la catastrofe: observó como la vista del rati se depositaba sobre su condena. El policia se inclinó levemente y tomó la tuka con su mano izquierda. Él lo vio entrar al local y de inmediato supo que su coartada esta hecha trizas.

-De quien es esto?

El se hizo el boludo y le prestó atención detenidamente, como si no supiera de que se trabajaba. Cambió el rictus de su cara, quizás involuntariamente, y afirmó:

-Eso no es mio oficial… lo debe haber dejado alguno de los chicos que pasan por acá.-la cobardía de su mentira le pareció espantosa pero aún así debía salvar su culo.

La policia mujer todavía no había salido de la cabina.

-Flaco, no te hagas el boludo, esto debe ser tuyo.

-No oficial, no uso esas cosas.

-Bueno, entonces vos no viste nada.- Y rápidamente guardó el fasito en uno de los bolsillo de su manga

La mujer policía salió de la cabina, él le cobró mientras el “oficial” miraba distraídamente.

-Hasta luego jefe, todo tranqui por la zona, no? Cualquier cosa llame al 911 y nosotros estamos aca de inmediato.

Él se quedó mirándolo atonito pero relajado.

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