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makumba

hace lo que sientas

Estoy ciego, todo se fue al tacho de la basura, la vida es una fucking mentira, toda la información que sorbí de la educación de mis padres no sirve para nada en este mundo; un ácido me cambió la vida pero una llamada telefónica me cortó el ritmo del placer real, perdido por perdido me encamino a entregarle mi vida a esa familia que me cobija y me alimenta, lo que venga es yapa si puedo aguantar el ritmo de mi libertad; en algún punto me agrandé, me creí otra persona, pero a la vez sigo el rastro de una trampa, de esa cama de adultos que le temen a lo que los cuestiona, de un sueño del que no pude despertar, de re un reinicio que no funcionó. No es que quiera alarmarte pero abrí bien los ojos, no te dejes seducir por las órdenes que no se emiten, confíate a lo profundo de tu subconsciente y busca la verdad ahí, donde sólo tus elegidos pueden acceder.

La realidad es amable si la viajamos en sinceridad, la gente que no se sabe expresar me crispa los nervios, siempre queriendo todo al precio más bajo sin afrontar ningún riesgo, y allí van pisando sentimientos, haciéndose los duros cuando lo que dejan ver (para las personas que tenemos el don) es que son cagones, que les molesta el riesgo emocional, creen que todo se arregla en un par de postas de cámaras callejeras de seguridad o llenando el silencio de alguna conversación en línea con una amenacita.

Y la muerte amig@ es sólo una ilusión, al menos para éste que escribe con pluma filosa (muy tarde siquiera para que algún miedo me borre la sonrisa), es un estado intelectual del alma, en algún momento nuestro cuerpo dejará de funcionar pero eso no significa nada, pasa todo el tiempo. Tus creadores acechan tus sueños, escriben pequeñas frustraciones que luego su adicción al poder las hace más y más grandes hasta terminar siendo una marioneta más de sus deseos, una extensión de su orgullo a la que se erradica sino los “respetas”… porque no hay muchos caminos para el jonkie: un joven-viejo anestesiado por psicofármacos que deja escurrir su alegría vegetando delante del televisor sin siquiera volver a abrir la puerta de lo feliz que alguna vez fue o la ruta, el camino de no tener nada cocinado, la incertidumbre de tu propia pulsión quemándote las sienes, la lucha cotidiana de avanzar respetando tu propio destino. 

Parate, combina tu voz con el viento para que el ritmo de lo que sentis no se apague, que el contexto no se trague tu estima y entendé:  todo es posible sin andas con gente que te aprecia, la tristeza más profunda se borra con una sonrisa real, con un roce de confianza que dice “te banco”, tomando la decisión de jugar sin importar el riesgo, sólo por el hecho de saberse un player de la ludoteka, un producto indomable del estado ánimo de algún caído…

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